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Fortalezas y debilidades de los sistemas informáticos

Como se ha comentado hasta la saciedad en los últimos diez años, los sistemas informáticos muestran un gran potencial para las acciones, en general, que tienen que ver con la computación, mientras que hasta ahora se han mostrado siempre muy débiles cuando se trata de reconocimiento de patrones.

Así, un ordenador al final lo que hace es seguir un conjunto de reglas que en el lenguaje de programación denominamos algoritmos. Por ese motivo, y dada la gran rapidez con la que operan, sus resultados a la hora de resolver problemas que puedan ser traducidos en forma de algoritmos son espectaculares. Esto sucede en muchas situaciones, por ejemplo, en el mundo de la ingeniería o en el mundo de las finanzas, lo que ha hecho que los ordenadores se hayan convertido en una herramienta imprescindible en numerosos ámbitos.

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Sin embargo, los sistemas computacionales han mostrado desde el principio grandes deficiencias a la hora de realizar reconocimiento de patrones, sobre todo en contextos reales en los que las condiciones no son óptimas, en los que se requiere integración de muy diversos tipos de estímulos, o cuando es necesario interpretar situaciones; en estas tareas los resultados son muy inferiores a los que muestran las personas, incluso los niños de muy corta edad.

No hay duda de que el cerebro, tras miles de años de evolución, ha ido adquiriendo unas capacidades de reconocimiento que los seres humanos utilizamos de forma inmediata e intuitiva y que no son fáciles de implementar en forma de algoritmo. Esta habilidad lleva a que las personas realicen continuamente interpretaciones del entorno adaptadas al contexto; cosa que los sistemas computacionales no pueden realizar.

Los sistemas computacionales empujan sus propios límites

gary-kasparov-deep-blueSegún han ido pasando las décadas los algoritmos han ido mejorando y muchas tareas que hasta ahora mostraban dificultades para su implementación informática, o al menos para superar a los humanos, han ido cayendo. Un ejemplo, como ya comentamos, es el juego del ajedrez. Durante años los mejores jugadores fueron capaces de derrotar a los ordenadores, pero en 1997 el computador de IBM Deep Blue venció al campeón del mundo Gary Kaspárov, con lo que caía una nueva barrera en la carrera de los sistemas informáticos para batir a las personas.

Un ejemplo claro de que se está entrando en una nueva fase respecto a los límites de los sistemas inteligentes es el avance que se ha producido en el desarrollo de coches autónomos que se ha descrito previamente. Se trata de una actividad compleja en la que es necesario captar, procesar, integrar e interpretar gran cantidad de estímulos de diferentes tipologías, algo que hasta hace poco parecía que era un territorio exclusivo de las personas, pero que las pruebas de varios fabricantes y de Google están empezando a desterrar.

Mente y sistemas inteligentes: test de Turing y habitación china

En un intento de distanciar las capacidades de las personas de las de los ordenadores, son varias las pruebas que se han ido planteando con la intención de profundizar en las diferencias de análisis entre ellos y en averiguar, en última instancia, hasta qué punto un ordenador puede llegar a realizar actividades que requieran una capacidad cognitiva o inteligencia. A pesar de que la validez del planteamiento de estas pruebas es debatida por numerosos autores, las mencionamos porque se encuentran habitualmente en el debate sobre la posibilidad de que los sistemas puedan incluir algún tipo de inteligencia.

La prueba más conocida en este ámbito es la del test de Turing, propuesto por Turing en el año 1950, que se basa en la creencia de que si una máquina se comporta como un ser inteligente, entonces es que es inteligente. La prueba consiste en que un jurado tiene que ser capaz de identificar a la máquina cuando se somete a dicha máquina y a un humano a una serie de preguntas. Este test se mantiene como uno de los desafíos más importantes sobre las capacidades de los sistemas informáticos, lo que lleva a que se organicen eventos en los que se prueban los avances en este terreno. Aunque en alguno de estos eventos, como el celebrado por la Royal Society en junio de 2014, los programas de ordenador han confundido al jurado, es muy cuestionable que el hecho de pasar dicho test implique la existencia de inteligencia.

El experimento más conocido que trata de rechazar la validez del test de Turing es el propuesto por John Searle, conocido como la habitación china. La prueba consiste en que a personas encerradas en una habitación se les hacen preguntas en un idioma cuyos signos no conocen, en este caso el chino. Con la ayuda de reglas las personas son capaces de responder a preguntas sin conocer una sola palabra de chino, lo cual demuestra que el que se sea capaz de contestar una pregunta siguiendo unas reglas no quiere decir que realmente se entienda lo que se está preguntando.

Los detractores de esta prueba argumentan acerca de cuál es el verdadero significado de inteligencia y consideran que, aunque las personas no entiendan el chino, el sistema persona-habitación-reglas-entorno sí que lo entiende. Está fuera del ámbito de este estudio profundizar en el debate sobre estas cuestiones, aunque consideramos que estos ejemplos nos sirven para resaltar la dificultad a la hora de definir y delimitar lo que es la inteligencia artificial.

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